El Nuevo Código Civil y Comercial

Apenas una introducción a lo que viene
El 1 de Agosto de 2015 entró en vigencia el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, que identificaremos como CCCN, y que unifica los anteriores Civil y Comercial, dictados en el siglo XIX, muchas veces modificados y ahora reemplazados.
Es cierto que existen o existieron ciertas versiones sobre la posibilidad de una derogación de este nuevo cuerpo legal y una vuelta a lo anterior, por haber sido aprobado por el gobierno previo y en la última parte de su gestión, pero lo cierto es que eso parece muy poco posible. En primer lugar, difícilmente hoy se puedan generar mayorías en el Congreso para lograr un cambio de este tipo. En segundo lugar, no da la impresión de que el tema vaya a entrar en la agenda política hasta dentro de un tiempo prudencial, si es que alguna vez entra. Y en tercer lugar, pese a los muchísimos proyectos de cambio de Código que existieron en el siglo pasado y en éste, la modificación se produjo recién en agosto pasado, probablemente por una actitud conservadora de los distintos actores sociales, que en cierto modo era prudente, pero que desde otro punto de vista también frenó un paso que se hacía necesario. No se podía seguir en el siglo XXI con Códigos concebidos en el siglo XIX, con una realidad y una visión del mundo totalmente distantes.
Así las cosas, tenemos entonces el CCCN, que para bien o para mal, pareciera que está para quedarse. Resta entonces la cuestión de si es efectivamente para bien o para mal. Como todas las cosas, algo bueno tiene y algo malo también, y además, esto depende del tema y de la postura de cada uno. Pero tratando de ir más allá de eso, lo cierto es que es un cuerpo que coincide o sigue la línea de los cuatro proyectos de Código que se hicieron durante la democracia, que fueron uno de 1987, dos de 1993 y el último de 1998. De hecho en materia de derecho empresario o derecho de los negocios, el CCCN es en grandes partes prácticamente lo mismo que el de 1998.

¿Cuáles son, entonces, las novedades que cabe esperar de este Código?

Los posibles cambios son a la vez enormes y sutiles, enormes por su magnitud, sutiles por la poca posibilidad de percibirlos inmediatamente. Y además, los efectos son en gran parte imprevisibles y sucederán a largo plazo, ya que los casos que resuelvan los tribunales en base a esta normativa se empezarán a ver recién dentro de tres a cinco años, a lo cual seguramente se sumarán algunos cambios específicos en su texto que eventualmente los legisladores puedan resolver por cuestiones de conveniencia o de prolijidad. Como sucede con muchas leyes, el CCCN tiene partes defectuosamente redactadas y hasta con algunas contradicciones con otras leyes del sistema general, lo cual, para ser sinceros, es bastante común desde siempre.

Claro está que no vamos a entrar ahora en temas puntuales, deuda que quedará para más adelante, pero sí, como brevísima introducción, podemos decir que este nuevo Código implica una novedad sustancial en el modo de pensar y administrar el derecho en nuestro país. Y este cambio no es sólo para el derecho privado, sino también para el público, que es alcanzado por la mano de esta nueva ley, porque debajo de la Constitución Nacional, es el Código Civil (hoy unificado) el destinado a indicar como articulan las leyes.

¿Porqué el cambio es tan trascendente? ¿Porqué es imprevisible?

Repasemos brevemente el pasado. Un Código es un cuerpo normativo sistemático, que trata un tema o rama del derecho en forma completa, y así se diferencia de una mera compilación de leyes. El movimiento codificador moderno tuvo su máxima expresión en tiempos de la revolución francesa, con Napoleón Bonaparte, que bajo la idea de igualdad de las personas mandó a hacer cinco códigos de distintas materias y buscó así, con eso, entre otras cosas, que todos los habitantes pudieran tener fácil acceso a la legislación, que la pudieran entender, e incluso existió vocación de perpetuidad, en el sentido de que se pretendía que los Códigos duraran para siempre.

Estas herramientas, diseñadas entonces para concretar las ideas antes mencionadas, no funcionaron como se planeó, porque los ciudadanos siguieron sin poder entender las leyes y los Códigos se tuvieron que ir modificando. Pero fue bajo esta misma ola del movimiento codificador del siglo XIX que se sancionaron en Argentina, primero, el Código Comercial, en 1862, y después el Civil, en 1869, aunque hay que reconocer que la experiencia francesa y del mundo occidental en base a ella ya había, para ese entonces, revelado parte de la inocencia inicial y no se esperaban tantas ventajas de codificar.

Así las cosas, poco más, poco menos, alrededor de 150 años después los Códigos históricos, ya muy modificados, se derogaron y unificaron, seguramente siguiendo en esto último una corriente italiana de las décadas de 1930 y 1940.

Pero este nuevo CCCN nada tiene que ver con los anteriores, ni con su historia, ni con sus pretensiones, ni siquiera con su funcionamiento. Es en todo, salvo en el nombre, una herramienta legal con un modo de operar totalmente distinto al anterior en nuestro medio.

En primer lugar, es de un idioma bastante llano y con un texto fácil de entender. En segundo lugar, tiene una mecánica bastante complicada, que lo aleja de cualquier vocación de ser entendido por quienes no son expertos. Esto porque, pese a su nombre de Código, no contiene en realidad un tratamiento completo de las materias civil y comercial, sino, en su mayor parte, una ley supletoria que sólo rige sobre el caso si no hay otra más específica. De modo que tienen prioridad normativa las aun vigentes leyes de Seguros, de Concursos y Quiebras, de Navegación, de Aeronavegación (Código Aeronáutico), de Defensa del Consumidor, de Marcas y Designaciones, de Patentes y Modelos de Utilidad, de Tarjetas de Crédito, entre muchas otras. A estas leyes especiales se las está comenzando a denominar como “microsistemas” y, sólo cuando estas no llegan a ser autosuficientes, rige el nuevo Código.

Además, el nuevo CCCN también adhiere a lo que se puede llamar “derecho de los principios”, que es una tendencia mundial y que implica restarle fuerza normativa a la ley escrita en virtud de unas reglas más vagas, que son justamente los principios, como ser la buena fe y el abuso del derecho. Así, si un mandato escrito en una ley concreta se contradice con los principios, según la interpretación del juez, éste puede darle prioridad a estos últimos, lo cual lo apodera porque los principios son muy genéricos, imprecisos y abarcativos. Su resultado depende en mucho de quien los esté aplicando.

A este “derecho de los principios”, en el mismo Código y en el sistema legal argentino en general, se suma la prioridad de otros principios más, que son los contenidos en los tratados internacionales suscriptos por el país y, también, por los que se encuentran en la Constitución Nacional, que están por encima de todo lo anterior y son también expresiones genéricas, no órdenes concretas.

Finalmente, para completar el esquema, este nuevo Código, mayormente supletorio, contiene muchas normas de orden público, lo que significa que no pueden ser dejadas de lado por acuerdo de partes y que están por encima de otras leyes. Así, se vuelve a transferir responsabilidad de la ley al juez, porque es él quien deberá decir que es y que no es parte del orden público.

De modo que el nuevo CCCN, aparentemente amigable en su idioma, es una herramienta jurídicamente compleja y completamente novedosa en nuestro sistema legal, cuya consecuencia más profunda seguramente es que, por vía de interpretación de los principios y del orden público, traspasa a los jueces buena parte del poder ordenatorio que antes estaba en el texto de la ley, que en definitiva parece ser en cierta forma la tendencia mundial en materia legislativa, luego del fracaso de la pretensión del siglo XIX y parte del XX, de una ley en cierta forma infalible y un juez con una función más cercana a la aplicación que a la interpretación.

El tiempo mostrará los resultados …

lucas-ramirez-boscoLucas Ramírez Bosco
Abogado especialista en
derecho empresario.
lucas@ramirezbosco.com