La nueva regulación del contrato de servicios

y el viejo problema de la posible confusión con figuras laborales

En las últimas décadas los servicios se han transformado en uno de los protagonistas de la vida económica, sin embargo, eso no había sido acompañado por un progreso paralelo en el ámbito legal, que hasta Julio del año pasado siguió regulando la figura de manera pobre, desordenada y de un modo anticuado, porque fue incluida en el Código Civil en el siglo XIX y no existieron modificaciones sustanciales posteriores.
De hecho la prestación de servicios estaba regulada en el anterior Código Civil como una forma de locación, junto con la de obra y la de cosa, e incluso bastante mezclada en el régimen con la de obra, con lo cual a la creciente antigüedad en las normas se sumaban las confusiones. Por su parte, el Código de Comercio no mejoraba esta situación, ya que no contenía reglas específicas en este sentido, con lo cual quedaba sólo lo que establecía el Código Civil.
Esto cambió en Agosto de 2015, con la sanción del nuevo Código Civil y Comercial de la Nación (CCCN), que vino a traer novedades en este punto. En primer lugar, separó la prestación de servicios de la figura de la locación, que ahora quedó sólo reservada para las cosas. Y regula entonces ahora de manera conjunta a los que sencillamente denomina como “contrato de obras” y “contrato de servicios”. La diferencia entre ambos es que en el primero se asegura un resultado y en el segundo no, pero la ley pone normas comunes a ambos y luego unas específicas para cada uno.
Claro que el contrato de locación de servicios puede y suele tener una complejidad extra : la posibilidad de confusión con el contrato de trabajo y de un reclamo por fraude laboral. En ese sentido, se trata de la figura más expuesta a esa eventualidad.
Este último tema no está incluido específicamente en el CCCN y, por una cuestión de sistema, no tiene porque estar, pero de cualquier manera, es importante tratarlo.
La configuración o no de una relación de dependencia, en los casos donde se presentan grises, es bastante compleja porque depende de las circunstancias concretas, pero de cualquier manera, existen notas que son los indicios que pueden llevar a la tipificación. En orden de importancia, son :
1.- La obligación de obedecer órdenes del empleador o, como se llama técnicamente, la subordinación jurídica. Es la nota esencial, la única concluyente, porque si se da los jueces interpretan que hay vínculo laboral.
2.- La dependencia económica : que se traduce en que la persona necesite el dinero del salario para vivir, aunque ya está bastante establemente aceptado que ésta no es requisito para que se dé la relación de trabajo.
3.- La renuncia anticipada por el trabajador a los frutos de su trabajo fuera del salario, que aunque muy sólida desde lo teórico, tiene pocas probabilidades de ser trasladada a la práctica.
4.- La inserción en un ámbito de organización ajeno, que tampoco es demasiado útil, porque los proveedores también pueden quedar en esa postura en algún punto y, respecto de la relación de trabajo, se puede confundir con la primera nota.
5.- La habitualidad, elemento al que hay que desconfiarle porque hay muchísimos contratos habituales sin dependencia y dependencia sin demasiada habitualidad en figuras laborales específicas.
6.- La ajenidad al riesgo, en el sentido de que el empleado no se arriesga comercialmente por la actividad de su empleador,pero esto no se traduce demasiado a los hechos.
7.- Finalmente, el tener un lugar y hora de trabajo tampoco son hoy definitivos, ya que cada vez se extiende más el trabajo a distancia o a domicilio.
Así las cosas, fuera de la subordinación jurídica, las demás notas son sólo coadyuvantes o indicios que hay que mirar y ubicar en un contexto.
De manera que la cuestión de la relación de trabajo es un problema que va intrínsecamente unido al contrato de servicios, justamente porque la prestación son servicios.
Fuera de eso, aun si se tratara de un prestador de servicios claro y neto, sin posibilidad de ser configurado como trabajador, como por ejemplo una empresa de la que no se pueda dudar, lo cierto es que también el CCCN contiene reglas nuevas: concretamente establece que si el contrato de servicios es continuado y por tiempo indeterminado, para darlo por terminado hay que dar un preaviso adecuado, que la ley no especifica cual es, pero que pensamos puede entenderse cumplido si se otorga el de medio mes por año. Esto porque en los contratos de distribución (agencia, concesión, distribución propiamente dicha y franquicia) es en general de un mes por año, con variantes según la figura, pero eso tiene en cuenta que en estos existe una inversión comprometida, mientras que en principio partimos de la base de que en el contrato de servicios no. De cualquier manera, si la hay, la regla pasaría a ser la misma que en los contratos de distribución.
Así, en caso que no se otorgue el preaviso debido, hay que sustituirlo con una indemnización correspondiente a las potenciales ganancias perdidas por el mismo plazo, que sería medio mes por año si no hay inversión y uno si la hay.
Es cierto que la regla del preaviso ya surgía del Código de Comercio para todos los contratos mercantiles en general, pero era poco clara y no tenía la precisión actual.
De modo que, en síntesis, el contrato de servicios en el nuevo CCCN, que sustituye a la anterior locación de servicios tiene :
1.- Una importante modernización de reglas, que estaban escritas antes para el contexto de otro siglo.
2.- El mismo problema con la relación laboral que siempre tuvo, desde la aparición del derecho del trabajo.
3.- Un derecho a preaviso en caso de terminación anticipada en las figuras por tiempo indeterminado, que hoy es explícita y concreta.

lucas-ramirez-boscoLucas Ramírez Bosco
Abogado especialista en
derecho empresario.
lucas@ramirezbosco.com